Y la experiencia llega a su fin... ¡De vuelta a casa! 19 de diciembre: Berlin -Madrid (07.25-10.50h) - por EasyJet. 21 de diciembre: Madrid - LPA (12.50-14.50h) - por Ryanair.
Un poco de búsqueda por Internet, una hojeada a la guía, un poco de dedo sobre el mapa, una muda en la maleta ¡y a correr!
Destino Lübbenau.
Nuestro destino era el SPREEWALD, una región que está como a una hora de Berlín y que pertenece a la región de Barndenburgo. Su nombre, está compuesto de la palabra Spree (que significa río) y Wald (que significa bosque), porque... obvio ¿no? Se le conoce como la Venecia de Alemania, porque tiene ¡más de 200 canales! En 1991 se denominó reserva de la bioesfera por la UNESCO.
Es una región que vive del turismo, principalmente octogenario y alemán (éramos los más jóvenes en varios kilómetros a la redonda), y del ¡pepinillo!, pues se recogen al año ¡¡más de 40.000 toneladas!!
Y como ésta área tiene casi 500 km2, se puede elegir varios lugares o pueblos desde donde disfrutar de su encanto. Nosotros, para empezar, elegimos:
LÜBBENAU:
Un lugar, como todos los demás, donde se para el tiempo, se hacen rutas en bici, se alquila una canoa, y uno se dedica a tomar cervezas y pepinillos.
Una casa de 1713. Y una calle llamada Zeitlos, que significa "Sin Tiempo".
Kirchplatz.
Me encantó este rinconcito con casas de colores...
¿Dónde está Wally?
Canales... y más canales.
Se van a jartar de fotos artísticas y paisajitos...
Un parque detrás del "famoso" Castillo, que no se los enseño, porque tampoco es gran qué. Pero este pequeño lago era super bonito, de esos lugares para desaparecer por dentro...
Uns
El primer día, llegamos por la tarde y simplemente dimos una vuelta por el pueblo, o sea, lo que acaban de ver, y después nos fuimos a cenar. Pero al día siguiente, alquilamos unas bicis y nos hicimos un recorrido de 30 kilómetros muy chulo.
La ruta verde es la que hicimos.
Inicio del viaje.
LEHDE:
Resulta que esta zona está habitada por una minoría autóctona reconocida de Alemania, a quienes se le llaman sorbios. Es un grupo formado por 60.000 personas, que descienden de los eslavos. Los inicios de este pueblo se remontan al siglo VIII, y se asentaron en la Alta y Baja Lusacia, resultado de ello tienen también dos idiomas: alto sorbio (más parecido al checo, y que disfrutó incluso de cierto prestigio en Sajonia) y el bajo sorbio (más cercano al polaco).
Este pueblo fue sometido durante la Edad Media por los germanos, el reino de Prusia o los nazis intenaron erradicarlos, y sólo a partir de la RDA y tras la reunificación se ha intentado proteger a este pueblo en extinción; del que ciertamente hay todo un mercado turístico montado.
Parecido al "mundo aborigen", pagas una entrada y ves como vivían esta gente.
Como ya les he contado que aquí hay más canales que personas, a cada rato hay puentitos, que tienen a los laterales de las escaleras como unos canales, no para que corra el agua, sino ¡para poder subir y bajar las bicicletas fácilmente sin tener que cargarlas! Qué listos coño...
¡Prácticas en el terreno!
Calle de (Elena) "Rosa" ;)
Gente del lugar labrando la tierra.
Resulta que era una abuela de ¡unos ochenta años! ¡Un encanto!, nos vio que le estábamos sacando una foto, y nos vino a saludar. Más mona... Nos contó un poco de su vida, nos preguntó sobre las nuestras, y estoy segura de que llegamos a estar dos minutos más y ¡nos invita a un café!
Sister, ¿a que esta cara también la pones tú? ¡¡jajajaajaj!! Nuestra cara de prive...
Y esa noche hicimos un picnic improvisado en la habitación.
En principio yo había pedido sólo cuatro días de vacaciones, pero mi
jefe me los juntó con días libes y al final, entre pitos y flautas, tuve
OCHO días enteros libres. Geil! ¡Ocho días! ¡¿Qué hago yo con ocho días completamente libres?! Buah!!! ¡Ahora verán!
Lo importante de este parón no sólo fue poder disfrutar de unos días de descanso, que los necesitaba, de desconectar del trabajo, de Berlín, ¡de todo! o de disfrutar de buena compañía. ¡¡También aprendí a montar en bici!!Sí... nunca es tarde cuando la dicha es buena, dicen ¿no? a
Por un lado, ya era una necesidad imperiosa, porque eso de tener bici pero no saber montar... es cómico. Por otro, queríamos hacer rutas de bic por Spreewald, dónde pasamos unos días. Pero, sobre todo, porque en Berlín ¡no eres nadie si no vas en bici!
Si eres negro, blanco o azul...
Rockero, hippie, yuppie, ejecutivo o...
o si andas como un cencerro...
Si vas solo o acompañado, si te llevan o...
haces tandem.
Si vas por el parque o en el metro.
Así que, antes de coger rumbo a las afueras de la capital, nos fuimos a GÖRLITZER PARK, que me queda al lado de casa, a practicar... a
Sortea un obstáculos por allá...
(porque sí, para mi ¡un charco es un obstáculo!).
Cuesta abajo, ¡sin control! "Ahhh!!!"
Vuelta a empezar...
Pausa...
Momento, no puedo montar con tanta gente a mi alrededor.
¡Y listos! Too much p'al body... Suficiente por un día. El resto ya lo aprendería in situ.
MERCADILLO en MAYBACHUFER: NOWKOELLN FLOWMARKT
De todas formas, como "La Calma" fue nuestra principal compañera de viaje, decidimos aprovechar unos días por Berlín, dormir hasta tarde, desayunar con sobremesas de dos horas, pasear y hacer ¡nada!, preocupándonos sólo por sacar una foto aquí y otra acullá...
Aquí se vende de todo...
Muñecas del ¡terror!
Zapatos de segunda mano....
¿¡¿Te acuerdas sister?!?
Y ¡como no!, música. Como sacada de una película de Woody Allen.
Toda la mañana en recepción aguantándome un pis pa'luego, por fin
voy, y cuando regreso: "¿dóndes estabas?". La entrada está llena hasta
la puerta de viejillos impertinentes. Un grupo de más de diez personas
que quieren todos su habitación YA! "¿Su nombre, por favor?", "¿Puede
firmarme aquí?". "Quiero mi habitación". Gleich, en seguida. ¿"Ya
me firmó?". "¡Ya llevo esperando un rato!". Suena el teléfono. Otra
señora por detrás, "¿y mi habitación? yo ya firmé hace rato...". "En
seguida". Y otra octogenaría, "¿y mi llave? ¡Yo todavía no tengo
llave!". Entrego una habitación. "Yo quiero estar al lado de mi amiga X".
Recogo el formulario que nos tienen que firmar a la entrada. "¿No
estamos en la misma planta?", "¿y mi habitación?". Suspiros van y
vienen, y miradas impacientes me quieren comer.
Pero
esto no es lo peor, de hecho son sólo unos minutos de estrés que ¡hasta me gustan!.
- "Buenas tardes, Gold Inn Hotel Adrema, habla con la Srta. Navarro".
- (...)
- "¿Puede repetirme, por favor?".
- ........
- "Disculpe, es que no le he entendido bien...".
-
(...) - El señor, estresado por no se qué de algo que olvidó en el
hotel, en vez de repetirmelo cada vez más despacio, me lo repite cada
vez más rápido, más desesperado y más alto. Hasta un punto que ya me
chilla por el teléfono a grito pelado, literal:
Pues
ahora sí que no le entiendo... Si gritándome se piensa que le voy a
entender mejor... Lo que sí entiendo es la parte de... "¡¿¡¿no me puede
pasar con otro compañero?!?!".
- "Disculpe, está ahora ocupado. ¿Puede esperar un momento o llamar dentro de cinco minutos?".
También he tenido quien me diga
"¡¡¡¡¡¡pues le voy a decir a mi empresa que NUNCA MÁS reserven en su
hotel!!!!" seguido de un "¿Me puede dar su nombre para saber con quién
he hablado?". Que te deja esa sensación de incertidumbre en el cuerpo
de... "¿lo he hecho bien?". Yo estaba segura de que yo tenía razón (una
cuestión de precios), pero se te quda ese gusanillo en el cuerpo con esas amenazas que sólo quedan en palabras.
Pero no todo son malos tragos. Al contrario, ¡son los que menos!
-
"¿Y como haces para sobrevivir? Aquí nadie sonríe, eres la única que lo
hace", me dice un cliente italiano que viene una semana sí y otra
también. Y antes de marcharse me dice, "yo busco gente como tú... Métete
en la web de mi empresa".
- "¿Tiene algo que ver con comunicación?", le pregunto. Porque no sé por qué, pero tengo ese feeling.
- "Es algo extraño...", me dice misterioso y me escribe la dirección en un trozo de papel y se va.
A los dos minutos, se da la vuelta y me dice: "Elena, aquí tienes mi tarjeta de visitas, escríbeme un email".
Incluso,
¡nos dan propina! ¿Alguien de ustedes ha dado propina alguna vez a
recepción? En el restaurante, al chico que lleva las maletas (que no
tenemos....), ¡pero a recepción? Pues sí, y oye, tengo semanas que me siembro.
A veces el cliente es tan encantador y cercano que parece que los conozco de toda la vida. Una pareja mayor de italianos, por ejemplo, que me llamaban por mi nombre de pila, que me preguntaron por mi persona (y mi
vida) de corazón, que se esperaban en la cola para que yo los atendiera,
que me saludaban cuando llegaban al hotel ¡como si fuera su nieta!, que
se despidieron de mi con abrazo largo y placentero... ¡Así da gusto
trabajar! De esas personas que se dejan querer.
Un abuelos risueños que al despedirse me dejaron una tarjeta suya (abrazo y propina incluida), a través de la que pude escrudiñar un poco de su vida real, él era cirujano. Kras! Hay vida detrás... ¡pero cuánta!
También
está el típico jovencito (o el que no lo es tanto) que te pregunta, así como no quiere la cosa,
"¿a qué hora sales de trabajar?". Unas veces a sangre fría, otras
tantas, acompañado de un vaho de alcohol y un desliz en la lengua que
indica que lleva un pedo considerable.
Y es que hay de
todo... Hay quien me ha recibido en calzoncillos en la habitación,
¡blancos! ¡¡que horror!!, o con un picardías a través del cual se veía
hasta el más allá.
Y hablando de paños menores. Por supuesto, tenemos lo que ya mi jefe llama como Kiki Room (es que un día me contó que fulanito se llamaba Kiki,
y yo me eché a reir, y le expliqué lo que significa en español, y ya lo
bautizamos así). Son las típicas parejas que llegan a las 7 de la
mañana, con los ojos inyectados en sangre, preguntando por una
habitación por la que están dispuestos a pagar más de lo que pagarían
cualquier otro día normal, y que normalmente piden un cepillo de dientes
antes de marcharse...
Al final del turno de tarde, tenemos que hacer lo que se conoce como Rundgang,
esto es, recorrerse el hotel de arriba a abajo para ver si hay algo
fuera de lo común. Un pasillo sin luz, que el ascensor no funciona,
cerrar alguna puerta, recoger las bandejas del roomservice que la gente deja en el pasillo, apagar la sauna, ... Se hace sobre las 22h, cuando
ya apenas hay nadie por ahí. Sin embargo, un día lo hice tan atropelladamente o tan
automáticamente, que se me olvidó tocar la puerta del baño de los
hombres tres veces antes de entrar y pesqué a un pobre cliente de pie haciendo pis. ¡Me entró un ataque de risa! "Perdón, perdón, perdón". Los
días siguientes que el pobre joven pasó por recepción tenía una cara de entre vergüenza y coñita... ¡Si había sido mi culpa!
Ya hemos vivido un robo en el hotel, que salte la alarma de incendios porque la cafetera de la cocina está soltando mucho
vapor, que de pronto comience un estruendo ensordecedor y empiece a salir
aire como un tornado por una de las salidas del aire del sótano, o que tengamos que llamar a la ambulancia porque un cliente tiene un ataque de no sé qué o porque un vagabundo borracho hasta las trancas esté tirado en las escaleras de entrada al hotel echándose el sueño de rigor.
"Y
por cierto, ¿de cuántas estrellas es el hotel?" Me pregunta una pareja.
"¿¡¿Cuatro estrellas?!?", sonríe ruborizada, mientras la mano le
tiembla al sacar el dinero de un sobre que no sé cuánto tiempo lleva
ahorrando. "Es sólo por saber, es que no acostumbramos mucho a hacer
esto". Se nota el tren de vida entre aquellos que tienen o no tienen
tarjeta de crédito. "Y ¿cuántas estrellas tiene el hotel?,
¿¡¿¡¿Cuatro?!?!?", y me mira con incredulidad. "¿Todo bien en el
hotel?", le pregunto a Mustafá Alí Mohamed... "Bueno, sí. Lo único que
en Arabia Saudí los hoteles son un poco diferentes". ¡¡Y tanto!!
Hemos tenido famosos, como Oceana, que dicho así no sé si les suena, pero ¿a que la canción de Cry Cry si?
Bueno, también es la que ha hecho la canción oficial de la UEFA Endelss Summer.
E incluso hemos acogido a Very Important People que ha hecho las reservas bajo nombres falsos, aunque nadie de nosotros los conocía...
Y
de la fama a la miseria. O quizás no miseria pero si tristeza. Hoy
mismo tuve un español que con ojos de cordero degollado me cuenta que
sin tener ni idea de alemán ni inglés se ha venido a Berlín a buscar
trabajo. "¿Sabes por dónde podría buscar? ¿Aquí en el hotel buscan
gente? De friegaplatos, para hacer camas... ¡lo que sea! (...) Estaba
imprimiendo aquí un mapa...", yo pensé de Berlín, y veo que entre sus
manos tiene un mapa ¡¡¡de Europa entera!!!, desde Francia hasta Rusia. Algo me
dolió por dentro. "¿Es muy importante el currículum aquí en Alemania?".
Se fue y me dejó un nudo en la garganta...
Un día entro a las ocho de la mañana y me tengo que levantar a las 6am; otras entro a las seis y me tengo que levantar a la 4am, y me junto en el metro con los madrugadores como yo o con los fiesteros con olor a noche; y la mayoría entro a las dos de la tarde. Con tanto lío de horario mi cuerpo todavía se resiente, y a veces son tan sólo las diez de la noche y estoy que me caigo de sueño, otras me tengo que pegar el super madrugón de las cuatro de la mañana, y son las dos y estoy con los ojos como platos, otras me despierta el sol desde primera hora (y eso es a las 4 am), otras me despierto sobresaltada pensando que me he quedado dormida y resulta que es mi día libre. Pero, sea como sea, está genial tener distintos horarios porque así unas veces aprovechas la tarde y otras las mañanas, unas puedes salir de marcha y dormir hasta el mediodía, y otras quedar para un café a media tarde o llegar a una cena (que aquí son sobre las 20h).
Unas veces trabajo cuatro días y libro dos, y vuelvo a trabajar sólo cuatro días y a librar. Otras trabajo ocho días seguidos, y cuando esto pasa y me toca librar... mi cuerpo dice "¿y ahora qué hacemos? ¿hoy no toca trabajar?", y es como si no supiera qué hacer, es una sensación extraña. Y cuando ya me acostumbro a no hacer nada, toca de nuevo trabajar y digo "¡No quieroooooo! Perezaaaaaa....".
Pero esta última vez, sí que aproveché... ¡una semana entera de vacaciones a las afueras de Berlin! ¡¡¡Pero eso en el próximo capítulo!!! que ya sé que llevo un retraso que no veas, ¡pero a ver si cojo carrerrilla!
Se me va el tren en las narices... ¡Qué coraje tú! Y encima es sábado y ahora me toca esperar ¡once minutos! No sé si llegaré a tiempo al trabajo... El reloj parece correr más que nunca... tic-tac, tic-tac... Llego requetejusta!!! Casi siempre llego bien (y eso es un 99%, aunque no se lo crean), pero a veces el gen Armas hace honor a su existencia. Que no llego... (...) ¡que no llego! Por fin mi parada. Me quedan cinco minutos para empezar el trabajo y todavía necesito andar diez hasta el hotel y otros cinco para cambiarme. ¡Pues a correr toca! Salgo a la calle y un chaparrón me recibe. Corriendo bajo la catarata berlinesa, sin aliento, con el aire frío entrándome por la garganta, y medio ciega, pues hoy tuve la gran idea de no ponerme las lentillas sino las gafas... Toll! Llego hecha una sopa, dónde la lluvia se mezcla con el sudor... Agh! ¡Aterrizaje forzoso! Nada más ponerme detras del mostrador un check out, check out, check out, y otro, y otro, y otro...
(...) Por fin feier Abend! (tarde libre, cuando se termina el turno de trabajo). El sol resplandece por entre unos nubarrones negros. ¡Increíble! ¡¡Sol!! Empiezo a andar y, de pronto, como para joderme mi inicio de cuatro días libres, empieza a granizar. ¡Vaya día! ¡Si esto parece Sydeny!
Check in, check out, "bienvenido a nuestro hotel", "su habitación está en la cuarta planta", "¿quiere reservar el desayuno c?on nosotros", "ahora mismo le imprimo la clave para tener acceso a internet", revisar esto, archivar lo otro, "la parada de metro está...", "ahora mismo le llamo a un taxi", etc., etc., etc... Pero a la rutina del día a día siempre hay pequeñas historias que hacen todo más llevadero y divertido, de esas que digo "¡tengo que escribir un blog!".
Una de las cosas que tenemos que hacer es, una vez que el cliente está en la habitación, le tenemos que llamar para preguntarle si está satisfecho con el cuarto, si todo esta bien. Una llamada de "calidad", como quien dice:
- "Hallo, Guten Abend Frau X, Frau Navarro hier am Empfang; wir möchten wissen nur ob Sie mit den Zimmer zufrieden sind". (Hola, buenas tardes Srta. X, Srta. Navarro desde recepción. Sólo le llamamos para saber si la habitación es de su agrado).
- ... mmm??Sorry... english.
- Sorry. Good afternoon Mrs. X, Mrs Navarro here in Front Office, we just want to know when everything it's ok in the room.
- ... Sorry?
- Everything ok in the room?
- ... mmm...
- All good? - mmm.... - All ok?
- ...
- Ok? Ok?.
- Ok...
- Ok. Thank you. - Nada, imposible comunicarme, no se si me ha entendido... "Ok", pues cuelgo.
A los diez minutos aparece una chica con un color ceniciento, con las ojeras más grandes que he visto nunca, con cara entre dormida y de mal leche. Vamos, de esas personas que si te encuentras por una calle oscura, piensas que te va pegar... Se dirige a mi. Y entre gestos y palabras que no entiendo, consigo deducir que es la chica a la que acabo de llamar. Le intento explicar en alemán que sólo le llamaba para saber si todo estaba bien, que no se preocupe. Me contesta: "english". Aunque ya había comprobado que el inglés no servía, se lo explico en inglés. Me contesta "italiensich", o eso creo entenderle. Le digo que italiano no, pero español. Se lo explico en español. Me contesta palabras ininteligibles mientras me hace gestos con la mano. ¡Dios! Como se lo explico... Le hago gestos... Nada... Me mira con unos ojos oscuros, interrogantes. La miro, me mira. Me encojo de hombros. Miro a mi compañero. Él me mira. La chica espera detrás del mostrador. ¡¿¡¿¡¿Y ahora qué?!?!?! ¿Nos miramos toda la tarde?
Y como caído del cielo, ¡¡¡de pronto!!!, el señor al que estaba atendiendo mi compañero empieza hablar a la chica en guachu guachu. Y con un par de frases el tema está resuelto.
- ¿Y qué idioma era, si no le importa que le pregunte?
- ¡Serbio!
Madre santa, ¿se imaginan? ¿No poder comunicarse? ¿No poder hablar más que un idioma que no conoce nadie? ¿Qué todo te suene a chino mandarín? ¡Me muero!
Y hablando de casualidades... En recepción se trabaja con un día de antelación, esto es, el día 01 (por ejemplo) se revisan las reservas que vamos a tener el día 02. Se comprueba que todos los datos que tenemos en el ordenador coinciden con las reservas formales de cada agencia (Booking, Lastminute, etc.). Y por ejemplo, cuando tienes dos reservas con el mismo nombre, lo más normal es pensar que la reserva es doble, y que nuestros compañeros de reservas lo han metido en el sistema dos veces por equivocación. Sin embargo, las casualidades también existen. Y ese día no sólo teníamos dos clientes que se llamaban igual sino que además hicieron el check in ¡a la vez!
- Mi compañero a derecha: ¿su nombre, por favor? Smith, John Smith.
- Un minuto más tarde llega otra pareja, yo en el ordenador de la izquierda: ¿su nombre, por favor? Smith, John Smith.
Si yo me quedé a cuadros imagínense los clientes. El primero con expresión de incredulidad y asombro, saludó al segundo como si fuera un colega de toda la vida. "¡John Smith! Yo también me llamo igual". jajajaj.
Pero esto no es nada comparado con recibir a un cliente que se llama Sr. ¡Ennema! jajajaja!!! Cuando leí que ibamos a recibir un Sr. llamado así... Cada vez que me acordaba me echaba una carcajada. Claro está, no se lo pude explicar a mis compañeros, ni lo intenté. ¡Menos mal que no lo recibí yo! U otro que tiene que presentarse como Sr. Sperma. En fin, sin palabras... Y hay más, pero que ya ni me acuerdo.
Por el nombre, también puedes saber de dónde viene alguien. Difícil es cuando tenemos un grupo de coreanos que todos se llaman Hun, Hu, Hiu, Chu, Chiu, Yi, Chi... Entre que nosotros lo pronunciamos mal y a ellos lo pronuncian distinto... o sea, bien. Imagínense un grupo de diez coreanos...¡De risa!
Sin embargo, claro está, los españoles son mi debilidad. Sobre todo, si me dicen que vienen de ¡Almatriche!, jajaja. Cinco canarios que tuve en un mismo día, aunque no es lo normal.
Mi compañera atiende a un cliente que se llama Eduardo. Mientras atiendo a otro cliente y respondo el teléfono escucho su acento, pendiente de ese deje que descubre nuestra nacionalidad encubierta en un inglés chapurreado. Sí, estoy segura. Es español (también podría ser que fuera italiano, o un alemán con nombre español). Así que una vez que mi compañera lo ha despachado le deseo "que tenga una buena estancia" en español. A lo que recibo por respuesta:
- ¡Gracias! ¡¡Lo habla muy bien!!
¡No jodas! ¡Pues claro! ¡¡¡Soy española!!! jajajaja. (Claro, que esto, con mucha más delicadeza ;)
Pero a pesar del desliz de este cliente, se nota que no soy alemana. Y me doy cuenta que estoy hablando comsi comsá porque el cliente, de pronto, dejar de mirarme directa y continuadamente a la cara, y empieza a intercalar su mirada entre mis ojos y la plaquita con mi nombre. Claro, que con mi nombre (nombre más dos apellidos, y largos), se la pasan jugando con los ojos de arriba a abajo, de abajo a arriba intermitentemente. Algunos me miran y punto, otros sonríen, otros se atreven a preguntar (lo que suele acabar en una conversación sobre sus vacaciones en las Islas Canarias o Mallorca), y otros, por amabilidad y ganas de agradar me contestan Merci. Noooo, no soy francesa ¡que manía! (me han dicho ya varios que tengo acento francés...). Otros atinan y me empiezan a hablar directamente en español, entonces me cuentan que su padre era español o que estuvo dos años viviendo en México y allí decían "¡qué pasa güey!", jajjajaj.
"Menos mal que estás aquí Elena", me dice mi jefe, "porque normalmente los españoles no hablan ni una palabra de alemán y casi ni de inglés, como los italianos". Y siento que así mi autoestima sube como la espuma.
Aunque siempre hay detalles que hacen que ésta vuelva a hundirse por el subsuelo. Un paso adelante y dos atrás. Les cuento. Ya han pasado de estos tres meses, y la situación ya es bien distinta, pues actualmente me siento como pez en el agua en FO, me gusta, tengo seguridad en lo que hago, y en mi trabajo confían en mí pues ya me dejan sola a la hora de trabajar e incluso me han dado el turno de las 6 de la mañana, que es el primer turno del día. Pero, como les decía, hace tres meses, todavía recién empezando y con el miedo en el cuerpo... Después de una visita de todos los managers de todos los hoteles de nuestra compañía en Alemania, mi jefe manda un email a todos con "unas nuevas normas":
- No se puede comer en la oficina de recepción, utilicen la sala que está dispuesta para ello.
- Nada de utilizar uñas postizas ni colores llamativos.
- No se puede hablar de cuestiones personales en el trabajo.
- Háblense de "Usted" entre compañeros.
- (...)
- Y, por favor, ayuden a Elena con su alemán. Lo que a nosotros nos puede parecer gracioso, no lo es para el cliente.
Tiene razón, pero ¡me faltó llorar! Cuando lo leí, cuando vi que YO era un punto de la lista, me hundí... Y retrocedí dos pasos atrás o ¡más!
La última sugerencia de este último mes que me ha hecho mi jefe es: "¿y tú no te quieres quedar con nosotros?". "Pues depende..." Porque sí, sigo en recepción. Debería haber empezado en el departamento de Dirección el 15 de mayo, y estamos a casi mitad de julio y sigo detrás de la barra del hotel. Por un lado, mejor, porque así puedo practicar más alemán con los clientes; y porque, por otro lado, me han comentado mis compañeros que con el jefazo es un aburrimiento y nunca saben bien qué es lo que tienen que hacer. No me importa menos tiempo si es así, aunque espero mínimo estar un mes de dirección. Yo le sigo preguntando al jefe, pero siempre me responde lo mismo "ya hablaremos en otro momento". Mientras voy cogiéndole más el tranquillo, disfrutando de la gente, y recolectando historias.