Y la experiencia llega a su fin...
¡De vuelta a casa!
19 de diciembre: Berlin -Madrid (07.25-10.50h) - por EasyJet.
21 de diciembre: Madrid - LPA (12.50-14.50h) - por Ryanair.

2 de enero de 2012

Gute Rustch! ...from am to pm...

"¡Feliz Año Nuevo!", eso es lo que significa Gute Rutsch! Y desde primera hora de la mañana se nota que es el último día del año, porque en la capital berlinesa el aire se inunda de un ruido constante e incesante: petardos y cohetes. Sí, los epañoles también somos ruidosos pero, debe ser, que aquí todo el ruido que no suelen hacer de diario lo hacen todo el 31. No había visto cosa igual...

Por fin ¡Fin de Año!, no sé si contenta por despedir este año de número impar que tantas lágrimas me ha hecho derramar... no sé si porque todo el ambiente navideño me inundó de sopetón... o no sé por qué, pero estaba feliz y enralada.

Trabajé por la mañana, pero nuevamente salí antes de mi hora, me eché una siesta y me preparé a toda prisa para despedir el año. 

Primero, quedé con Gabriel, el chico de Tandem, para tomarnos una cerveza (como ven, ¡ya estoy hecha una alemana! pues la cerveza se está convirtiendo en "el agua germana"). Al final no vino conmigo a la fiesta que me habían invitado, pero quedamos un ratillo para celebrar el comienzo del nuevo 2012 y, en parte, el habernos conocido.
Gabriel y yo.
Después, había quedado con mis compañeros de trabajo, Gina y Axel, en que los iba a buscar al Hotel para ir todos juntos al local donde era la fiesta. De camino en metro cene un Kebab, que me sentó a gloria. La gente me miraba, porque mientras yo comía sentada en un vagón muchos estaban ya con botellas de champán (les encanta) y con chupitos varios. Empezando a calentar la noche y el hígado, entre gritos de felicidad y alboroto poco común.

En verdad, hubiera querido pasarme antes por la Puerta de Brandenburgo pero, como siempre, se me hizo tarde. Por otro lado, todo berlinés me ha desaconsejado durante estos días que lo haga: "la gente se vuelve loca", "la gente tira montón de petardos", "adolescentes idiotas tiran petardos a las guaguas y taxis", "bf... la Puerta de Brandenburgo es un agobio, no se puede ni andar", y un largo etcétera. La moraleja: "¡cuidado!". Y no entendí lo de cuidado hasta que no iba andando hacia el hotel, y a 50 metros de mi persona chocó un petardo contra una puerta de una casa, ¡babuuum!, donde una señora se metió rápidamente aterrorizada. Ahí me dije, "!Ay mamacita, no sé por dónde van a caer!", y seguí con paso ligero y encogida como un gato. Porque, como les reitero, la capital alemana se convierte en una fiesta pirotécnica y estruendosa sin par. Y no importa qué edad tengas, ni a dónde lo dirijas... ¡allá va petardazo! ¡Pim! ¡Pam! ¡Pum! ¡Babuuump!

Mis compañeros me reciben en el hotel con una copa de champán, ¡como no!. Y de ahí nos dirijimos a... atención al nombre: From am to pm... Madre, ¡qué peligro! Un bar o club de 24 horas... Donde efectivamente me quedaría de am to pm... y ¡de pm to am! 
Gina, Axel y yo.
Y como mi compañera Gina ha trabajado en el local y conoce a todo el mundo aquí... Pues más peligro todavía, estuvimos invitados a "casi" todo. Champán en vez de uvas, caipirinhas, cervezas... lo que quisiéramos. 

Bailamos un rato y... ¡Las 12! Salimos al frío a ver los fuegos. Y bueno, aquí los fuegos... no sé, sólo se disfrutarán bien en la Puerta de Brandenburgo porque lo que yo viví no fue una experiencia de color, sino una experiencia ensordecedora de petardo va, petardo viene. Desde los edificios, a tres metros de mis pies, a lo lejos, en una papelera, desde la estación de tren, delante de mis narices... Lo peor es cuando no los ves, no te da tiempo de taparte los oídos, y una bomba estalla tu tímpano mientras todo tu cuerpo retumba en una explosión placentera. Y a pesar de no ver bien los fuegos a los lejos, me quedé en la interperie envuelta en este estallido de pólvora hasta que los oídos me pitaron, y ya no oía más.
 
Prust!, ¡Chin chin!, ¡Feliz 2012!
 Después de estos abrumadores cinco o diez minutos, volvimos a llenarnos la cabeza de música. Billie Jean is not my girl, Lady Gaga, Rihanna, I Need a Dollar (como me acordé de ti brother!), Bob Marley, Lauryn Hill, hip hop, chunda chunda, ... ¡De todo!

Y brindamos. Y encendimos bengalas.
Y del frío pasamos al calor. Y de lugares alternativos, como hasta ahora he experimentado, paso a un lugar chic. Presenciamos un streaptease de ambos sexos y disfrutamos de un show con fuego.
Y Gina nos presentó a sus amigos. El dueño, que es ruso. El encargado, que es francés. Y un camarero, que es español, pero al que llaman Francesco. ¿Les ha pasado eso de que empiezan a hablar con alguien y, de ipso facto, pasa de ser un desconocido a alguien de toda la vida? ¡Pues igual!
Gina y François.
Y así, bailé y baile. Y pasaron las horas. Y se fue Axel. Y se fue Gina. Y me quedé hablando con Francesco. Hablando y hablando con un mallorquí de madre inglesa, que se crió en Málaga, que ha vivido en los cinco continentes, que es entrenador de golf, que ha trabajado como croupier y que en Berlín trabaja de camarero. Hablando y hablando como si fueramos colegas de toda la vida. Definitivamente, como siempre me dices Naty, los españoles... ¡somos españoles!. Y el reloj seguía su andadura por el primer día del año. Y nosotros seguíamos hablando y hablando. Y de pm to am. Y de pronto ya eran las doce, ¡pero del mediodía...!

Y así el último día de mi año, fue larguísimo. Y el primero del 2012 lo pasé en un profundo letargo de unas 18 horas... 

¡Feliz Año Nuevo!

31 de diciembre de 2011

II. De Chira a Chora: punto de inflexión...

Y como no podía ser menos.... En una típica mañana lluviosa de Berlín... 

Acordándome especialmente de ti Taber, y de Papá (¡te tengo que traer!) y de ti Mami... Caminando horas entre majestuosas y gigantescas obras de genios y poderosos...
Berliner Dom.
¡Mis botas nuevas! ¡¡¡IMPERMEABLES!!!
¿? Ni idea... pero chulo.
Museo de Pérgamo.

Y la gran joya de la corona... El Altar de Pérgamo: Importante decir, que el museo se creó exclusivamente para estaba obra y está hecho a medida del altar, monumento religioso que representa la culminación del "barroco helenístico". Construido en la Acrópolis de Pérgamo. Los frisos que rodean todo el altar representan una Gigantomaquia y la historia de Telefo (demasiado tarde y demasiado sueño como para mirarlo, en otra ocasión...). Fue descubierto por el alemán Carl Humann en 1871, pero no sería reconstruido en Berlín hasta 1886, tras arduos acuerdos y una sustanciosa compensación económica al Imperio Otomano.
... sin palabras...


Y del Altar de Pérgamo al Templo de Atenea: bueno, la fachada del Templo de la diosa de la guerra, la sabiduría y las artes.
Si así eran las columnas... ¡cómo sería el templo!
Fachada del Templo de Atenas.
Atenea

Y volvemos a abrir la boca con la Puerta del Mercado de Miletos: construida en tiempos del emperador Adriano hacia el año 120 a.C, constituía la entrada sur al mercado, aunque posteriorimente sería integrada en la muralla de la ciudad por Justiniano. Un tal Theodor Wiegand llegó en 1908 a la Isla de los Museos con la puerta romana en ¡533 cajas!
 

Y para rematar... La Puerta de Ishtar: una de las 8 puertas monumentales (14 metros de altura x 10 de ancho) de la muralla interior de la antigua Babilonia. A través de ella se accedía al templo de Marduk, dónde se celebraban las fiestas de fin de año, ¡muy propicio para la fecha!

Los restos de la puerta fueron descubiertos por los arqueólogos alemanes en Babilonia entre las campañas arqueológicas de 1902-1914. ¿Cómo llegaron tan lejos? Todas las grandes potencias del momento ya se habían apoderado de ruinas importantes como símbolo de grandeza y expansión y se las habían llevado a sus tierras europeas (qué mejor ejemplo que la expoliación de Inglaterra a Egipto), y cuando los alemanes quisieron emular ese poderío (promovido por un Rey de cuyo nombre no consigo encontrar) ya todo lo "relativamente cerca" estaba saqueado.
Puerta de Ishtar. Construida por Nabudoconosor II en el 575 a.C.
Compuesta por ladrillos vidriados de color azul (lapislázuli).
¡Espectacular!
Réplica del Código de Hammurabi. 1760 a.C
Conjunto de leyes más antiguo que se conserva (Ley del Talión),
y uno de los mejores conservados de la antigua Mesopotamia.

Una mirada al "cómo era".
Arqueros persas del friso del Palacio de Darío en Susa,
conocido como el "friso de los arqueros".
Datada del 520-521 a.C.

Una vez visto lo grande y dar una vuelta por otras exposiciones como la islámica, ¡como no!, salimos para echar algo al estómago. Aunque con una pequeña parada en una Iglesia que había al lado de un mercado de Navidad. Una iglesia convertida en museo... Estaba destinado a ser un día contemplativo.
Berliner Dom / Catedral de Berlín
La Iglesia "sin nombre"...
¡Me encanta!
Y jolín Ali, esta no sé por qué... pero me recordó a tí y a mi. Yo la he titulado "Las dos hermanas"... ¿A que sí?

Y nuevamente, a la alemana: mercadillo navideño, con Gulash y Glühwein con un chupinazo de ron ¡para calentar a medio Berlín!
Al fondo la catedral y la Fernsehturm.


Otra zona que queríamos ver, era la zona del muro que está pintada por artistas graffiteros famosos, conocido como la East Side Gallery. 1,3 km de muro a orillas del río Spree, que cuenta con unos 100 murales que ensalzan la libertad, la unificación, la paz, la esperanza...

Esta zona del muro fue pintado en 1900, sólo por la parte este del muro, tras la fundación de dos asociaciones de artistas alemanes (VBK y BBK). Entre 2008 y 2009 se llevó a cabo una renovación del muro, dado el mal estado de las pinturas (vandalismo y deterioro). Esta renovación supuso la destrucción de muchos de los murales. Después se quería que los autores pintaran de nuevo dichas obras, pero muchos se negaron, alegando que lo que se debía haber hecho no era tapar los graffiitis en mal estado sino ¡restaurarlos!. Aun así muchas de las obras que se eliminaron fueron copiadas sin su permiso lo que ha llevado el caso a los tribunales. 

El East Side Gallery se considera la galería de arte libre de mayor longitud y duración del mundo, según dice la Wiki. Sin embargo, nosotros no lo pudimos disfrutar más que diez pasos, pues el cielo se había empeñado en soltar un tremendo chaparrón, y a falta de paraguas, ¡a resguardarse! Aquí les dejo una mini muestra de lo poco que pudimos llegar a ver.
Y Punto. O sea, esto y nada, es lo mismo... Pero como siempre hay que dejar algo para la vuelta.. Haremos una segunda vuelta, pues, al muro de la creación.

To be continued... Fortsetzung folgt... Continuará

29 de diciembre de 2011

Berlín en la piel

(Un break totalmente necesario de 'De Chira a Chora'. Necesitaba ¡¡vomitar!!, que se me están atragantando las palabras en la cabeza).

Hoy he pisado asfalto, piedras y arena. Hoy he pisado muertos. He pisoteado pegotes y barro. Y he circundado suelo sagrado. Hoy me he impregnado de un olor hediondo y se me han helado las manos. Hoy me he comido mi primera berlinesa. Hoy he encontrado una parte de la ciudad que me pertenece...

Hoy ha sido un día sorpresa. Un día en el que he descubierto una zona de Berlín que me ha encantado. Un día en el que he encontrado MI Berlín.

No sé si con motivo de la paliza de los días anteriores (como compensación) o si con motivo de la Navidad (como regalo), hoy mi jefa me ha dicho que salimos antes del trabajo. 14.30h y ya estaba en la calle. Subida en el metro y con la duda en mi cabeza: "¿voy a casa, o doy un paseo?", ¿doy un paseo, o me voy a casa?"... Saco el mapa de metro y miro las paradas que me quedan de camino. "No.... Me voy a casa...". Y guardo el mapa. Vuelvo a desdoblar el plano. "No... ¡venga! tienes que aprovechar que todavía es de día y, además, hoy hace solito". Guardo nuevamente el mapa en mi bolsillo, y repaso mentalmente las paradas... Stadtmitte me suena de algo... Ah! Checkpoint Charlie... No es lo que busco. Meto la mano en el bolsillo del abrigo, tanteo el mapa de metro y lo despliego por tercera vez.... Schwarzkopfstrasse... me recuerda al champú que lleva este nombre... No. Naturkundemuseum (Museo de Ciencias Naturales), buf... pereza! Oranienburger Tor... mmm... ¡Me gusta! Aquí me bajo. 

Y como si mis pies me hubieran llevado sólos, nada más salir del metro veo la majestuosa Sinagoga de cúpula dorada, que ya he visto en varias ocasiones desde distintos puntos de la ciudad, y a la que he querido venir en varias ocasiones sin éxito. Sin embargo... la miro, la contemplo, y la guardo para después, como la parte que más nos gusta de un pastel. 

Mis piernas siguen andando por una calle de edificios más altos de lo normal y espaciosa. Hoy mandan mis extremidades inferiores. O, quizás, deba decir mi inconsciente. Mi alma... Ando un rato... Graffitis, una sala de exposiciones, una tienda colorida, un café en el que dan ganas de entrar, un restaurante thai al que ya le he echado el ojo... Y de pronto... Sí. Un cementerio. No sé por qué estos sitios silenciosos y húmedos me dan paz. Ya lo he contado otras veces (cuando el gran cementerio frente al mar en Bondi, Sydney), y sé que puede parecer macabro, pero el misterio que encierran estos lugares, la soledad que se palpa, el mudo silencio del ambiente que lo envuelve todo... Todo y, especialmente, algo que se respira en estos lugares por naturaleza tristes (aunque no para una extraña que sólo lee nombres en las lápidas)... me inspira sosiego y tranquilidad. 

Vago durante un par de horas por entre los surcos de tierra que están pisoteados entre cada tumba. Cientos de ramos de flores frescas de colores chillones entre la tierra húmeda y  frondosas plantas verdes, montañitas de piedras diseminadas sobre algunas lósas, corazones hechos de piedra con frases de amor eterno, cruces, velas encendidas iluminando el atardecer cada vez más inminente, angelitos en diversas posturas salvaguardando el polvo de los seres queridos, pues el alma debe estar ya muy lejos de este recinto...  Lápidas simples, recargadas u originales, mausoleos de tamaño modesto, escaleras que no sé a dónde llevan y que se esconden bajo llave, bancos roídos para que se sienten los fantasmas en la noche, estatuas que inspiran ternura y tristeza, obeliscos pequeños, tumbas enormes sobre las que ya ha brotado un musgo verdoso y gélido... Y de pronto, entre tanta seriedad una figurita de una gallina (¿?), una botella de vino o un ¡árbol de navidad!

Unas carcajadas me sacan de mi mundo. Pienso: "será en la calle", pero las carcajadas se repiten a intervalos, y a medida que me acerco a un rincón del cementerio se van haciendo más escandalosas. Un grupo de unas seis personas, ¡¡están de pie entre las lápidas tomándose unas copas!!

Sigo andando entre nombres raros y apellidos repetidos (toda una familia), cuando leo: ¡Bertolt Brecht! ¿Se acuerdan? el de Madre Coraje (o La Ópera de los tres centavos, según acabo de mirar...). Es aquí cuando caigo por qué hay gente que está deambulando como yo entre lápidas y no poniendo flores o bebiéndose un vino a la salud de un ser querido.

Y es que resulta que el cementerio en el que estoy es el Cementerio Dorotheenstädtischer y francés, donde está enterrada la creme de la creme de la élite intelectual alemana. Escritores como Heinrich Mann, Arnold Zweig, Anna Seghers; filósofos como Georg Wilhelm Friedrich Hegel (no lo vi) y Johann Gottlieb Fichte; arquitectos como Karl Friedrich Schinkel (que tanto les he nombrado estos días); y un largo etcétera de los que no conozco la mitad...

Ya se ha hecho de noche... y bueno, me siento agusto pero no quiero dormir en el cementerio. Así que me dirijo a la Sinagoga. 

Pero... ¡alto! Nueva parada en el camino. ¡¡Naty encontré la famosa casa okupa que me decías!! No la han tirado todavía, y se llama Tacheles. ¡¡Y Chano, entré!! Para los que no la conozcan, a muy muy grandes rasgos: es una casa cultural okupa, que quieren derribar. Ya les contaré en detalle... No había leído nada sobre "ella", no la había visto en fotos ni en mapas, pero por las descripciones de ustedes dos, la reconocí al momento. Y sin pensarlo (y tras ver que la gente se metía por ahí como Pedro por su casa...) me lancé a su interior.

En un abrir y cerrar de ojos estoy metida en una máquina del tiempo. En una caja llena de mil colores, pintadas, garabatos, graffitis, texturas... Y, así, entre otros tantos turistas (italianos, ingleses, alemanes y españoles) me aventuro en este submundo desconocido y, ya un poco, comercializado hay que decir. Pero que no por eso deja de ser flipante.

¿Cuántos pisos tiene la casa? ¿seis, siete...? Subo piso por piso, a través de unas escaleras de madera pintarrajeadas y oscuras, que van oliendo peor a medida que las vas escalando. En cada rellano un pasillo más pintado aún y lleno de andamios que te lleva a mil habitaciones conectadas entre sí. Cuadros de los estilos que quieran, esculturas abstractas hechas de platina o tapones de corcho (¡un rinoceronte que lo flipan!), tapices o alfombras decorados con arena y piedras, monederos de cuero, camisetas de la marca "I love No Name" (Sin Nombre/Marca), cajas hechas de cualquier tipo de panfleto, ¡¡bisutería hecha con tenedores y cucharas!! (super chulo!!! eh? pero, increíble!), exposición de fotos y arte intestinal (ya lo entenderán cuando les cuelgue las fotos...), libros en cualquier idioma, ... En fin, un sinfín de arte y creación. Una explosión de creatividad que resuma desde las paredes... 

Como explicar la sensación... Cada vez que subes un piso, que entras a una habitación algo dentro de mi se inquieta... Sorprendida de antemano por lo que voy a ver. No sólo, o ¡no siempre!, por la obra en sí, sino por el lugar en sí mismo.

Y a medida que avanzas te vas impregnando... te vas impregnando e impregnando de un hedor que es tal por esa mezcla entre meado, ropa sucia, lugar cerrado, pintura y pegamento pero, sobre todo, por falta de agua, de mucha agua. Al entrar, el aroma okupa me pareció apenas imperceptible... Apenas una ráfaga pestilente que no molesta, que va con el lugar y la experiencia de esta ilegalidad. Pero, poco a poco, el olor se va adheriendo a mi, casi sin darme cuenta. A veces un tufo intenso se desprende de una esquina demasiado meada quizás... Pero es soportable. Donde es imposible es ya en el último piso sin salida, o sin entrada para los turistas a la casa real, no lo sé. La cosa que es una vez en la calle, el olor lo llevo pegado a la nariz. Lo tengo en cada poro y mi ropa huele toda a... ese tufo fruto de la curiosidad. 

Justo enfrente de esta mole gris desvencijada, un restaurante super moderno de comida singapurense, y al lado un indio, y un mexicano con música colombiana, y un sitio de cocktails, y una tienda con ropa vintage de descuento, y un café-lounge, y ahora un thai, y ochenta mil ristorantes italianos, y un sex-shop, y una sala de arte... Y entremezclada entre tanto barullo la Nueva Sinagoga, ¡espectacular!, a la que no pude entrar... ¡En otra ocasión!

Y con la sensación de ir oliendo mal, con dolor de pies y con hambre, regreso a casa. Estoy feliz. Me da igual. Me siento feliz porque... porque hoy he pisado asfalto, piedras y arena. Porque hoy he pisado muertos. Porque he pisoteado pegotes y barro. Y he circundado suelo sagrado. Porque hoy me he impregnado de un olor hediondo y se me han helado las manos. Porque hoy me he comido mi primera berlinesa. Porque hoy he encontrado una parte de la ciudad que me pertenece...

(*) Reportaje escrito.